Los fundadores

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Joseph y Louis Clérico

Los dos hermanos, de origen italiano, que eran entonces empresarios de la construcción, decidieron cambiar de vida. En 1946, compraron a Léon Volterra el Lido, situado en el 78 de avenida des Champs-Elysées.

Esta aventura los entusiasmaba… Para dar al Lido los medios para convertirse en un lugar todavía más mágico, contrataron al empresario Pierre-Louis Guérin, un hombre del espectáculo, muy conocido por su imaginación desbordante y le dieron carta blanca para transformar el Lido.

A partir de entonces, el Lido se metamorfoseó en un joyero de lujo que atraía al París liberal con un nuevo concepto, la cena-espectáculo, que cosechó un gran éxito, y pronto sería imitado en todo el mundo.

La primera representación tuvo lugar el 20 de junio de 1946 y llevaba el sobrio nombre de « sans rimes ni raisons ».

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René Fraday

Tras pasar cuatro años montando espectáculos en Estados Unidos, este antiguo boy de Mistinguett acudió a la llamada de Pierre-Louis Guérin y en 1947 se convirtió en director artístico del Lido.

Entusiasmado por lo todo extraordinario, recorrió el mundo buscando números excepcionales y lo puso todo en marcha para poder realizarlas en París.

De ese modo llegaron al Lido espectáculos increíbles, donde se mezclaban pistas de hielo, piscinas, chorros de agua y otras ideas increíbles como helicópteros sobrevolando la sala.


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Pierre-Louis Guérin

Amante del espectáculo, Pierre-Louis Guérin abandonó sus estudios de medicina para dedicarse sin reservas al mundo de la noche y las lentejuelas.

Abrió su primer cabaret «El Club» en la calle de Charenton y acogió artistas de talento como Bourvil y Line Renaud.

Más adelante, se uniría a los hermanos Clérico en la dirección del Lido para apropiarse de la creación de este lugar único y mágico.

Miss Bluebell

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Miss Bluebell

Su auténtico nombre era Margaret Kelly, pero era conocida como Miss Bluebell en homenaje al color jacinto de sus ojos. Nacida el 24 de junio de 1910, esta bella irlandesa sería la creadora del cuerpo de baile de las Bluebell Girls.

En los años treinta vivió en Alemania y después en Francia, donde debutó como bailarina en el Folies Bergères.

Con solo 22 años, creó su propia compañía con la que llegó a los camerinos del Lido en 1948. Fue allí donde el talento de sus criaturas de piernas interminables y elegancia legendaria deslumbraría la escena parisina.

Todavía hoy, las Bluebell Girls son un símbolo de la magia de las revistas del Lido.

Un Lugar Emblemático



Los orígenes



El primer Lido se remonta al año 1928. En el sótano del antiguo palacete del señor Dufayel se creó una playa artificial. El palacete fue demolido y sustituido por una galería comercial llamada las «Arcades», en el número 78 de la avenida des Champs-Elysées.
Los bajos se convirtieron en el «Lido, la playa de París», nombre inventado por un tal señor Chaux. La gente iba allí a pasarlo bien, los niños se divertían en esa piscina de 33 m de largo por 9 m de ancho. Pero al terminar las funciones nocturnas de los teatros, hacia medianoche, era cuando el establecimiento se animaba de verdad: casino, animación musical en el agua, góndola como en Venecia…
No obstante, en 1933, la clientela empezó a escasear y el lugar entró en quiebra.

En 1936, el famoso Léon Volterra llegó a su rescate y transformó de arriba abajo todo el espacio. Se acabó la piscina y la playa, ¡era el momento de dejar paso a un templo, a columnas y al espectáculo!

De 1946 a nuestros días



Después de la guerra, Léon Volterra cedió el arrendamiento del Lido a dos hermanos: Joseph et Louis Clérico.
En seguida, empezaron importantes obras y lo convirtieron en el templo de la revista del gran espectáculo. A partir del 20 de junio de 1946, el escenario radiaba con la belleza, ya legendaria, de las bailarinas, el brillo de los vestidos y la elegancia de los números. El cabaré fue propulsado a la cima de la fama.

Reconocidas en todo el mundo, siempre acogidas con entusiasmo, las revistas del Lido fueron cele-bradas por la crítica. Algunos llegarían incluso a proclamar que «los extranjeros y los franceses de paso por París visitan antes la Torre Eiffel y el Lido, donde tienen la seguridad de ver un espectáculo de prestigio, único en el mundo». El Lido había entrado definitivamente en la leyenda.

Una leyenda viva que se reinventaba. En 1977, el Lido se adueñó de las paredes del antiguo Normandie, en el número 116 de la avenida des Champs-Elysées. Admirablemente diseñado y revestido por los arquitectos Peynet, Bartoccini y Veccia, el establecimiento se convirtió en el cabaré más grande y más lujoso de Europa, por no decir del mundo.

En el Lido, la embriaguez de la sala lleva a las proezas. A la proeza humana, pero también a la proeza tecnológica. Cuando el suelo se hunde y transforma la pista de baile en escenario del espectáculo, un millar de espectadores se siente transportado. Y cuando sucesivamente aparecen la pista de hielo, la piscina y las increíbles pantallas de agua, el Lido se enciende hasta sus más profundas entrañas. Toda una maquinaria, técnicos con un saber hacer tan prodigioso como el talento de los artistas convierten el Lido en el centro de espectáculo más sensacional.

Antiguos espectáculos